28 de noviembre de 2014

Madrid 29-N: el sindicalismo de clase llama a los trabajadores a manifestarse contra las política económica y social del gobierno

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La Coordinadora Sindical de Madrid -Coordinadora Sindical de Clase (CSC), ha convocado a los trabajadores de Madrid a participar en las Marchas de la Dignidad el próximo sábado 29 de Noviembre en contra de las políticas económicas y sociales del Gobierno del PP.

Reproducimos a continuación el comunicado:
 
El sábado 29 de noviembre tendrá lugar en Madrid una manifestación de repulsa a las políticas económicas y sociales del Gobierno derechista del PP, y será el desenlace de toda una semana de lucha en todo el territorio del Estado con el lema de Pan, Trabajo y Techo; siendo la continuación de la lucha del 22-M, ahora descentralizada por territorios.

Desde la perspectiva del Sindicalismo de Clase, la CSC llama a la clase obrera y al pueblo a movilizarse para plasmar en la calle el rechazo de los trabajadores a un gobierno títere y corrupto, al servicio de los intereses de los bancos, de las multinacionales y el imperialismo extranjero.

La satisfacción de las reivindicaciones del conjunto de los trabajadores solo será posible, superando el marco actual de un régimen que se basa en la corrupción y el empobrecimiento de la mayoría social, beneficiando a una minoría depredadora, la oligarquía financiera y terrateniente.

La CSC propone a todos los trabajadores luchar por:

– Nacionalización de la Banca y los sectores estratégicos de la economía (Sanidad, Educación, Transporte, Energía y Comunicación).

– Por el contrato de trabajo indefinido y de calidad, NI UN SOLO DESPIDO MÁS. Jornada laboral de 35 horas con todas las garantías sociales y laborales. Jubilación a los 60 años con contrato de relevo; no autorización de más EREs. Subsidio de desempleo indefinido a todos los parados hasta su recolocación y equiparación de las pensiones más bajas al salario mínimo interprofesional.

– Prohibición por ley de la privatización de servicios públicos, deslocalización de empresas y subcontrataciones. Prohibición de desahucios y condonación del pago de la hipoteca a los parados.

– Por la creación de empleo público, hay que revertir en público los servicios ya privatizados. Hay que cubrir todas las plazas de la Administración pública, y para disminuir el paro planes de obras públicas y sociales.

– Por una profunda reforma agraria basada en la expropiación sin indemnización a los terratenientes, impulsando el cooperativismo agrario, mejorando las infraestructuras e industrializando las zonas agrícolas.

– Por la suspensión de las subvenciones del estado a la Casa Real, Iglesia, Partidos y Sindicatos.

– Reforma fiscal progresista y persecución del fraude. ¡Qué paguen más los que más tienen!. Los servicios sociales son prioritarios respecto a los negocios privados.

!CONTRA LAS MEDIDAS ANTIOBRERAS Y EL PACTO SOCIAL!
!CONTRA EL PARO Y LA CORRUPCIÓN!
!VIVA LA UNIDAD Y LA LUCHA DE LA CLASE OBRERA!
!POR UN GOBIERNO AL SERVICIO DEL PUEBLO!

SÁBADO 29 NOVIEMBRE, 17 H., ATOCHA-CUESTA MOYANO

Coordinadora Sindical de Madrid
Gran Vía 40, Planta 5
28013 Madrid
coordsindmad@gmail.com
http://www.coordinadorasindicalm.es

26 de noviembre de 2014

Fragmento de El Intruso, de Blasco Ibáñez: lo que necesita el trabajador es ser dueño de lo que produce

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"Al trabajador de nada le sirve la limosna de un aumento en el jornal: ya sabes que en esto no nos entenderemos nunca. Lo que necesita es justicia, ocupar el sitio que le corresponde, ser dueño de lo que produce"

Así se expresa el protagonista de El Intruso, de Vicente Blasco Ibáñez, un médico que, a pesar de ser familiar y amigo de un gran industrial vasco, elige realizar su trabajo entre los mineros, trabajadores que viven entre penurias y miseria a pesar de ser los productores de la gran riqueza del Bilbao de principios del siglo XX.

Blasco Ibáñez escribió El Intruso en el marco de una serie de cuatro novelas sociales, muy recomendables como descripción de la salvaje lucha de clases en la que los capitalistas exprimen, sin tapujos ni límite alguno, condenándola a la miseria y a la penuria, a la clase trabajadora. En La horda, La catedral, La bodega y la que tratamos en esta entrada, El Intruso, Blasco hace un retrato triste y doloroso de las condidiones de vida de los proletarios y jornaleros españoles, sometidos bajo la bota de la emergente clase capitalista y alienada por la enorme influencia de la iglesia.

En sus cuatro novelas, el autor valenciano radiografía el desarrollo del capitalismo en España, denunciando la crueldad de las condiciones de vida de los trabajadores y la indecencia de los explotadores, que se enriquecen ostentosamente a costa de la pobreza y humillación de los que crean la riqueza. Por otro lado, diagnostíca el único remedio ante ese mal: la revolución. Una revolución futura, inevitable, que hará que el progreso de la humanidad deje de beneficiar solo a una minoria bárbara e inhumana, y que se alcance la única situación que ofrezca justicia para todos: que cada cual sea "dueño de lo que produce".

Blasco además, denuncia en esta novela el nacionalismo tradicionalista de la clase dominante vasca, que se desarrolla a la par que el capitalismo, y que mientras considera modelos de ley divina a los pobres campesinos de Euskadi, que viven en condiciones de pobreza y penuria pero agradeciendo a dios y al amo su situación, para bien del bolsillo de los señores, ve como extranjeros y sin derechos a los que, venidos de fuera del Pais Vasco, los "maketos", los trabajadores de las minas y de los altos hornos, los que verdaderamente producen la riqueza. Todavía no había nacido el nacionalismo obrero que, para diferenciarse del de sus explotadores, ha de ser, por narices, aunque parezca contradictorio, internacionalista.

"Pues esa pillería venida de... España; ese rebaño maketo y pecador, es el que trabaja y da prosperidad a Bilbao. Ellos destrozan su cuerpo en las minas, ellos dan el mineral, y sin mineral ¿qué sería de esta tierra? Los buenos, los del país, no hacemos más que vigilar su trabajo y aprovecharnos del privilegio de haber nacido aquí antes que ellos llegasen. Son como los negros que en otros tiempos eran llevados á América para mantener á los blancos".

En definitiva, El Intruso nos hace un crudo retrato del Bilbao del principio del siglo XX, en pleno desarrollo industrial y de acumulación de capital en unas pocas manos, paralelo, por supuesto, al crecimiento y concienciación de un proletariado explotado y pisoteado que, sin embargo, poco a poco, va dándose cuenta de que son otros los que disfrutan del producto de su trabajo, y que la organización es la única manera posible para llegar a liberarse y hacer justicia. Todo ello en un contexto de desarrollo del nacionalismo vasco que, por aquel entonces, todavía era expresión exclusiva de las clases altas y los más ricos.

Veamos a continuación el ilustrativo díalogo entre el protagonista, el médico Aresti, su primo Sánchez Morueta, un gran capitalista enriquecido por la extracción del hierro en los montes vascos y su transformación en acero, y un jesuita, Urquiola, defensor del tradicionalismo, de la religión y del inmovilismo social:

"Urquiola hablaba al doctor con el mismo aplomo que si estuviera en el café ó en la sociedad de San Luis Gonzaga, rodeado de aquella juventud piadosa y elegante que le tenía por capitán. Él no era enemigo del pueblo; la Iglesia estaba siempre con los de abajo y el Santo Padre escribía encíclica sobre encíclica en favor de los obreros. Pero el pueblo era para él, la gente de los campos, los aldeanos respetuosos con el cura y el señor, guardadores de las santas tradiciones. Que le diesen á él las buenas gentes de las anteiglesias vascas, religiosas y de sanas costumbres, sin más diversión que bailar el aurrescu los domingos y la espata danza en las fiestas del patrón, ni otros vicios que empinar un poco el codo en las romerías. Aquella gente vivía feliz en su estado, sin soñar en repartos ni en revoluciones; antes bien, dispuesta á dar su sangre por Dios y las sanas costumbres. Que no le hablasen á él del populacho de las minas; corrompido y sin fe; hombres de todas las provincias, maketos llegados en invasión, trayendo con ellos lo peor de España, contaminando con sus vicios la pureza del país; siempre descontentos y amenazando con huelgas, deseando el exterminio de los ricos y comparando su miseria con el bienestar de los demás, como si hasta en el cielo no existiesen categorías y clases.

Y ante la mirada acariciadora de su tía, que admiraba sus ardorosas palabras, continuó el fuerte discípulo de Deusto:


Los Altos Hornos de Bilbao
—Los míos no saben leer; no saben nada de libertad, derechos y demás zarandajas, y por esto son felices. Esa gentuza de las minas, que casi todos los domingos tiene sus mitins, vive desesperada y ansía bajar un día á Bilbao para robarnos, sin saber que la recibiremos á tiros.

Aresti volvióse hacia su primo, que comía silencioso, lanzando alguna que otra mirada al sobrino de su mujer.

—¿Qué te parece, Pepe, cómo piensan estos jóvenes?

Y encarándose con Urquiola, le dijo con una timidez irónica, dando á entender su deseo de rehuir discusiones con él.

—Pues esa pillería venida de... España; ese rebaño maketo y pecador, es el que trabaja y da prosperidad á Bilbao. Ellos destrozan su cuerpo en las minas, ellos dan el mineral, y sin mineral ¿qué sería de esta tierra? Los buenos, los del país, no hacemos más que vigilar su trabajo y aprovecharnos del privilegio de haber nacido aquí antes que ellos llegasen. Son como los negros que en otros tiempos eran llevados á América para mantener á los blancos. Vienen empujados por la miseria, y ya que no podemos agradecer su sacrifico con el látigo, les pagamos con malas palabras.

Urquiola encabritábase ante las palabras desdeñosas del doctor. Abominaba de aquella gente perdida, incapaz de regeneración: la prueba era que no ahorraban, que no hacían el menor esfuerzo por salir de su estado.

—¡El ahorro!—exclamó Aresti.—¡Ahorrar y enriquecerse, teniendo unos cuantos reales de jornal, y viviendo rodeados de gentes de su misma clase que les explotan en el alimento y en la casa!...

—Eso no—intervino Sánchez Morueta, con autoridad.—Ya sabes, Luis, que no estoy conforme con tus ideas. El obrero español es víctima de la imprevisión. En otros países es distinto: el trabajador se forma un pequeño capital para la vejez...

—¡Bah! En otros países ocurre lo que aquí. Y lo que hace que el obrero moderno sea rebelde y se entregue á la lucha de clase, es la convicción de que, por más que ahorre sacrificando sus necesidades, no saldrá de su miseria. Los progresos le han cerrado el camino. En los tiempos de trabajo rudimentario, de industria doméstica, aún podía soñar con hacerse patrono; podía con sus ahorros adquirir los útiles necesarios y convertir su casa en un pequeño taller. Pero ahora, Pepe, por mucho que ayune un obrero tuyo, amasando céntimo sobre céntimo, ¿llegará á ser accionista de tus fundiciones? ¿podrá adquirir un pedazo de las minas, con todo el material necesario para la explotación?

—Eso está bien—arguyó Urquiola con acento triunfante.—Este doctor dice á veces cosas muy oportunas. Lo que demuestra que los antiguos tiempos eran los buenos y que, para tranquilidad de todos, hay que volver á la época en que no había progreso y los hombres vivían tranquilos.

Sánchez Morueta miró al joven con unos ojos que alarmaron á doña Cristina, haciéndola temer por su sobrino.

—Eso es una majadería—dijo con calmosa gravedad.—Eso sólo puede decirse á la salida de Deusto. ¡Suprimir el progreso porque trae algunas complicaciones!...

Y aquel hombre siempre silencioso, habló lentamente, pero con gran energía. Era un admirador religioso del capital. Aresti conocía su entusiasmo frío y firme por el dinero, que, puesto en movimiento por los descubrimientos industriales, había revolucionado el mundo. El millonario era á modo de un poeta del capital, y sacudiendo su ensimismamiento, rompió en un himno á aquella fuerza casi sagrada, puesta en manos de contadísimos iniciados. Cierto, que el trabajo, que era un auxiliar indispensable, sufría crisis y miserias, ¿pero por esto había que renegar del progreso, legítimo hijo del capitalismo industrial? La gran revolución moderna era obra de la religión del dinero, en la cual figuraba Sánchez Morueta como el más ferviente devoto. Utilizando los descubrimientos de la ciencia, había multiplicado los productos, y disminuido su valor, poniéndolos así al alcance de la mayoría, y facilitando su bienestar. El trabajador del presente gozaba de comodidades que no habían conocido los ricos de otros tiempos. El capital al servicio de la industria había civilizado territorios salvajes, había destruido fronteras históricas, estableciendo mercados en todo el globo: él era quien surcaba las tierras vírgenes con los rails de los ferrocarriles, quien removía los mares para tender los cables telegráficos, quien ponía en comunicación los productos de uno y otro hemisferio, venciendo los rigores de la naturaleza y evitando las grandes hambres que habían hecho rugir á la humanidad en otros siglos. Los poderes históricos se achicaban y humillaban ante el capital. Los reyes de los pueblos, soberbios como semidioses sobre sus caballos de guerra, cubiertos de plumas y bordados y llevando tras ellos grandes ejércitos, tenían que mendigar en sus apuros á los capitalistas ocultos en sus escritorios. Detrás de los imperios victoriosos estaban ocultos los verdaderos amos, los que cambiaban la faz de la tierra, venciendo á la naturaleza para arrancarla sus tesoros; la gran república de los capitalistas, silenciosa, humilde en apariencia, y sin embargo, dueña de la suerte del mundo. Y lo que más entusiasmaba á Sánchez Morueta, en esta secta oculta de universal poderío, era que sólo á la capacidad le estaba reservado entrar en ella. La jerarquía industrial no era como las dominaciones sacerdotales ó guerreras del pasado, en las que se figuraba sin otro derecho que el nacimiento. El hijo del capitalista, falto de capacidad, era expulsado por los malos negocios, y un nuevo individuo, aprovechando los residuos de su desgracia, venía á iniciarse en la poderosa secta. ¿Dónde encontrar una institución tan grande y poderosa y á la par tan democrática y modesta? ¿Y había locos que pedían la muerte ó la modificación de una fuerza que había transformado la Tierra?...
Mineros en la mina de Galdames

Aresti protestó. Él reconocía las grandezas del régimen capitalista, las ventajas sociales que había reportado á la humanidad con el auxilio del trabajo. El capital encontraba remunerados con creces sus servicios. Pero el trabajo ¿veía recompensados igualmente sus esfuerzos? ¿No se encontraba hoy en el mismo estado de miseria que al iniciarse á principios del siglo XIX la gran revolución industrial?

—Eso es un error, Luis—dijo el millonario.—El trabajo está mejor que nunca. La prueba es que en todo el mundo baja considerablemente el interés del capital, mientras sube con las huelgas y las reclamaciones obreras el tipo de los jornales.

—¡Bah!—dijo el doctor con gesto de desprecio.—¡El aumento de unos reales en el jornal! Remedios del momento; cataplasmas que de nada sirven al enfermo, pues al poco tiempo se restablece el fatal equilibrio, aumentándose el precio de los productos, y el trabajador, con más dinero en la mano, se ve tan necesitado como antes. Son cambios de postura, creyendo engañar con ellos á la enfermedad. Al trabajador de nada le sirve la limosna de un aumento en el jornal: ya sabes que en esto no nos entenderemos nunca. Lo que necesita es justicia, ocupar el sitio que le corresponde, ser dueño de lo que produce."

25 de noviembre de 2014

Rebelión en Ferguson tras quedar libre de cargos el policia blanco que asesinó de doce balazos al joven Michael Brown, desarmado y negro

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"El marxismo está formado por miles de verdades, pero todas se reducen a una frase: 'La rebelión se justifica'. Por miles de años se ha dicho que era justo oprimir, era justo explotar y estaba mal rebelarse. Este veredicto fue revertido solamente con la aparición del marxismo. Esta es una gran contribución. Fue mediante la lucha que el proletariado aprendió esta verdad, y Marx extrajo la conclusión. Y a partir de esta verdad, continuan la resistencia, la lucha y el combate por el socialismo". Mao.

Un jurado de hombres blancos ha dejado libre y sin cargos al policia, también blanco, Darren Wilson, que asesinó al joven afroamericano Michael Brown en agosto pasado en Ferguson, EE UU, por no existir, en su opinión, pruebas suficientes para imputarlo.

Recordemos los hechos: Michael Brown paseaba con su novia por el centro de una calle de Ferguson,

Protestas en Washington
Missouri, cuando el agente Wilson les ordenó, desde un coche patrulla, que se subieran a la acera. Brown se acercó al coche y empezó una discusión entre ambos a través de la ventanilla.

El policía sacó su pistola y realizó dos disparos al aire, momento en el que el joven se retiró levantando las manos. Algo que, no obstante, no evitó que Wilson saliera del coche y realizara doce disparos (12) a corta distancia contra el chaval, según declararon ante el gran jurado varios testigos presenciales.

El Gran Jurado, formado por nuevo hombres blancos y tres negros, decidió, sin embargo, después de escuchar a sesenta testigos, que no se podía imputar al agente por disparar doce veces contra el desarmado y con las manos en alto, ciudadano de segunda, por el color de su piel, Brown.

La familia del joven expresó su "profunda decepción" tras conocer el fallo pero pidió a los manifestantes que eviten los altercados: "responder a la violencia con violencia no es la respuesta", señalan en su nota. Pero, ¿acaso existe otra solución? Cuando la justicia libera a un asesino por el color de su piel, de la misma forma que sucede por pertenecer a la clase dominante, ¿qué otra opción le queda a los que sufren la violencia cotidiana de la explotación y la injusticia?

Las protestas de la población se han extendido por Ferguson y en otras ciudades norteamericanas como Nueva York, Chicago, Los Ángeles, Washington DC, Oakland y otras grandes ciudades del país, y el gobierno ya ha enviado a centenares de policias y miembros de la Guardia Nacional para hacer frente a la revuelta popular que, aunque los medios de propaganda lo intenten convertir, como habitualmente hacen, en vandalismo, es legítima como forma de autodefensa ante la violencia del estado y del sistema.
Protestas frente a La Casa Blanca

El propio presidente Hussein Barack Obama, el negro que gobierna como un blanco, también llamó a los manifestantes a no protagonizar disturbios como los acaecidos en agosto pasado tras la muerte de Brown. "Este problema no se resuelve tirando botellas ni reventando los cristales de los coches. La violencia jamás tendrá una justificación", afirmó el que no duda en recurrir a la violencia policial o militar para defender los intereses de las multinacionales o de la clase a la que pertenece y sirve.

En realidad, cuando los agresores, ladrones y criminales quedan impunes y los explotados, los excluidos, los marginados son humillados, asesinados o condenados a la miseria o a la esclavitud, solo existe una forma de que lo trabajadores y los pueblos, los despreciados y los condenados, exijan sus derechos: la revuelta popular, la rebelión, que en Fergurson, como en todos los lugares en los que se trata de luchar contra la violencia del sistema, también se justifica.


24 de noviembre de 2014

Lenin sobre la religión

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"La religión es una de las formas de opresión espiritual que gravita por doquiera sobre las masas abrumadas por el trabajo incesante en bien de otros, por la pobreza y la privación. La impotencia de todos los explotados en su lucha contra los explotadores, origina inevitablemente la creencia de una vida mejor, después de la muerte, del mismo modo que la impotencia del salvaje en su lucha con la naturaleza, da origen a la creencia en los dioses, los diablos, los milagros, etc.

La religión enseña a aquellos que se debaten toda su vida en la pobreza a que sean resignados y pacientes en este mundo, y los consuela con la esperanza de la recompensa en el cielo. En cuanto a los que viven del trabajo ajeno, la religión les enseña a ser "caritativos", suministrándoles así un justificativo a su explotación y, por decirlo así, un billete barato para el cielo. "La religión es el opio del pueblo".

La religión es una especie de tóxico espiritual en el que los esclavos del capital ahogan su conciencia y adormecen su anhelo de una existencia humana decente
".

(Extraído del folleto Sobre la religión, escrito por Lenin en 1905)

23 de noviembre de 2014

Arte al servicio del pueblo (dos cuentos de Lu Chao-jui y Máximo Gorki)

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La editorial colombiana Ave Fenix publicó hace unos años dos cuentos, A la escuela por tercera vez, de Lu Chao-jui, y !Compañero¡, de Maximo Gorki, reunidos en lo que llamaron Arte al Servicio del Pueblo.

Se trata, "de un par de cuentos muy bien elaborados que son testimonio de algunos de los aspectos del proceso revolucionario que marcó el rompimiento de la historia de la humanidad" y que recuerdan a la clase obrera y campesina, en general a los explotados del mundo, cual es el único camino para alcanzar una verdadera democracia, en la que la libertad, esa sacrosanto y manipulado mito de la burguesia capitalista, solo es posible si va acompañada de igualdad económica y fraternidad entre los hombres y los pueblos.

Toda una joya para disfrutar, tanto por su calidad literaria, como por su capacidad de crear conciencia social:


















































Nota: la pagina 35 aparece incompleta, pero se puede leer con un poco de dificultad

18 de noviembre de 2014

Agustín Gómez Arcos: el escritor que jamás se tragó el cuento de la Transición

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Agustín Gómez Arcos fue un escritor que jamás aceptó la continuidad del franquismo bebiendo el brebaje de la farsa democrática, y por ello fue excluido de la historiografía literaria, tanto durante la dictadura militar como durante el propio proceso de transición política. Jamás aceptó la imposiciòn de la monarquía franquista, personificada en Juan Carlos de Borbón, heredero del General Franco, porque “los políticos olvidan, los escritores no”; una monarquía que hoy sigue arrastrando el testigo del fascismo en la figura de Fernado VI de Franco.

La ignorancia de su obra en España no fue óbice para que su triunfo en Francia le hiciera allí un escritor de prestigio, y como tal, tras su muerte en 1998, fuera enterrado en su país de acogida en el cementerio de Montmartre, reservado a las grandes personalidades, junto a Emilio Zola, Dumas, Héctor Berlioz y Nijinski.

Gómez Arcos jamás abrió la mano a cambio de privilegios como gran parte de los intelectuales y, también, los propios líderes del propio Partido Comunista, que aceptaron, en nombre de esa aberración que fue y sigue siendo "la conciliación nacional", el olvido de los crímenes de los fascistas y, con ello, a los millones de víctimas del golpe de estado, la Guerra Civil y la represión salvaje y metódica durante 40 años de terror.

Como dice uno de los versos del poema del escritor almeriense, que compartimos a continuación, todavía no se ha pasado "la factura al Culpable", y esto solo se conseguirá cuando usemos nuestra rabia "para cargar fusiles y fusiles y cargar corazones y futuros".

Imagina tus manos
y mis manos,
y las manos de todos,
su multitud de dedos
para contar los muertos de mi España
y poner la factura al Culpable.

Imagina mi boca
con tu boca
y las bocas de todos
su multitud de lenguas
para gritar venganza, no justicia,
que justicia no calma
los vencidos.

Imagina tus ojos
Y mis ojos
Y los ojos de todos
su multitud de horas
para buscar la culpa al Asesino
y mirarle la muerte
sin descanso.

Imagina la culpa
de su culpa,
su multitud de culpas,
la vejez de su culpa
enterrada en el Valle de las Culpas
Valle de los Caídos
por mal nombre.

Imagina mi rabia
con tu rabia
y la rabia de todos
la multitud de rabias
para cargar fusiles y fusiles
y cargar corazones
y futuros.

Agustín Gómez Arcos

17 de noviembre de 2014

Galeria de arte online sobre el mundo del trabajo

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 Vendimia en Arlés: miseria humana, de Paul Gauguin

En este artículo se recopilan las obras que la revista del INSHT Erg@nline ha venido publicando en su sección "El trabajo en el arte", que recogen la visión de diversos artistas sobre el mundo del trabajo.

Con idea de facilitar su consulta se han creado dos índices: uno cronológico, como el usado hasta ahora, con la particularidad de agrupar las obras por siglos; y otro índice simulando la planta de un museo, donde encontraremos las obras agrupadas con un criterio abierto relacionado con el sector económico en el que se agrupa la actividad mostrada en la obra.

Para obtener más información sobre la obra y su autor puede acceder al número del Erg@nline correspondiente.

Ir a la web de la galería de arte de: ERG@nline

Segador con fondo rojo, de Kasimir Malevich

La fragua, de Goya

Los explotadores, de Diego Rivera


Tomado de La espina roja
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