19 de septiembre de 2014

Voces. Documental sobre la tortura en España

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El siguiente documental recoge los testimonios de personas vascas que han manifestado sufrir
torturas durante el famoso "período de incomunicación" aplicado en virtud de la ley antiterrorista,  entre los años 1982 y 2010, a manos de las diferentes fuerzas de seguridad del estado Español.

Este video se proyectó por primera vez el pasado 18 de Septiembre, en unas jornadas que se han desarrollado en Madrid, en las cuales se presentó el primer estudio sobre “La tortura en Euskal Herria, en base al Protocolo de Estambul”.

El estudio, realizado durante 4 años, ha analizado el testimonio de 45 personas torturadas en Euskal Herria (entre los cuales se encuentran los protagonistas de este documental) y demuestra la veracidad de los testimonios realizados.

 La credibilidad de las víctimas de malos tratos es una de las conclusiones que aparecen en el informe ‘Incomunicación y tortura’ presentado en Madrid, que parte de la aplicación del Protocolo de Estambul, una metología avalada por la ONU que mide, precisamente, la consistencia de los testimonios.

En concreto, de los 45 casos analizados, todos ellos vascos, los expertos han considerado que el 53% tiene un grado de credibilidad de «máxima consistencia», mientras que el 31,1% es «muy consistente» y el 15,6% «consistente». Los resultados de ls investigación cuentan con el apoyo de Juan E. Méndez, relator especial de la ONU sobre la tortura, y Ben Emmerson, relator especial de la ONU sobre la promoción y la protección de los derechos humanos y las libertades fundamentales en la lucha contra el terrorismo.

18 de septiembre de 2014

Sobre el próximo Encuentro Internacional de Apoyo a la Guerra Popular en la India

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El próximo día 27 de septiembre tendrá lugar el Encuentro Internacional de Apoyo a la Guerra Popular en la India con ocasión del 10º Aniversario de la fundación del Partido Comunist de la India (Maoista). A continuación, compartimos las convocatorias enviadas por el Comité Internacional de Apoyo a la Guerra Popular en la India (CIAGPI), que incluye también información sobre la Delegación Internacional a la India, y que han sido traducidas por los camaradas de Gran Marcha Hacia el Comunismo:

SOBRE EL ENCUENTRO INTERNACIONAL DE APOYO A LA GUERRA POPULAR EN LA INDIA CON OCASIÓN DEL 10º ANIVERSARIO DE LA FUNDACIÓN DEL PC DE LA INDIA (MAOÍSTA)

Como parte de la actividad de apoyo, el Comité Internacional de Apoyo a la Guerra Popular en la India (CAGPI) tomó la decisión de organizar una Segunda Conferencia Internacional por el 10º aniversario del Partido Comunista de la India (Maoísta)

Por nuestra parte, primero tratamos de verificar si era posible organizar esta nueva Conferencia Internacional en Brasil. Tras una cuidadosa evaluación, los camaradas brasileños comentaron que no era posible ahora.

Entonces decidimos organizar en Septiembre en Italia un tipo diferente de Conferencia, una Conferencia para delegados, no para delegaciones de masas como en la Conferencia de Hamburgo.

Con sugerencias de algunos camaradas, decidimos denominar este evento no una Conferencia sino un Encuentro Internacional.

Invitamos a delegados de todos los partidos, organizaciones y comités de solidaridad que tomaron parte en la Primera Conferencia en Hamburgo y en todas las campañas de solidaridad.

Esperamos para este encuentro unos 20-25 delegados.

La participación es por invitación y el encuentro no es una reunión pública.

El evento será anunciado a través de un cartel que no mencionará ni fecha ni país.

Este Encuentro durará dos días, desde la mañana del 27 de septiembre hasta la tarde del 28 de septiembre.

Los camaradas italianos asegurarán el alojamiento con la contribución mínima necesaria para pagar el coste del emplazamiento.

Será un encuentro de apoyo a la Guerra Popular y de saludo ideológico político al Aniversario.
Después de una presentación del Comité Internacional, cada participantes puede aportar documentos o hacer intervenciones, preferentemente no superior a 3 páginas para permitir a todos intervenir o debatir.

Habrá un mensaje de participación de la India y un informe sobre la situación nacional y sobre la celebración del aniversario en la India.

Este encuentro no difiere con otras iniciativas de celebración programadas en otros países.

No utilizaremos equipo de traducción simultánea, por lo que es importante que todos los discursos sean enviados por escrito de antemano, a fin de que, dado que sólo unos pocos camaradas asistentes tendrán la tarea de traducirlos al inglés, francés, español y quizás alemán, todos puedan entender fácilmente los discursos.

Por favor, comunicarnos sobre vuestra participación e intervención.
csgpindia@gmail.com

Comité Internacional de Apoyo a la Guerra Popular en la India (CIAGPI)

INFORMACIÓN SOBRE LA DELEGACIÓN INTERNACIONAL A LA INDIA

Queridos camaradas:

El objetivo principal de la delegación internacional es hacer frente al desafío del régimen indio y lanzar nuestro desafío como respuesta.

El imperialismo y el régimen indio atacaron al Comité Internacional y a toda la solidaridad con la Guerra Popular, urgiendo a los gobiernos europeos a poner fin a sus actividades. Responderemos continuando e intensificando las acciones en cada país y, a nivel internacional, subiendo el listón, con el desafío de la Delegación.

La Delegación estará allí para denunciar todos los crímenes del régimen indio y pedir que se ponga fin a ellos.

Exigirá la libertad de G.N. Saibaba y de todos los presos políticos del pueblo.

Exigirá el respeto a todos los derechos del pueblo: para los obreros, campesinos, mujeres, adivasis, dalits, estudiantes, profesores e intelectuales progresistas.

Exigirá las libertades políticas para todos los opositores, incluidos los maoístas.

Gritará alto que en tanto exista opresión, la rebelión se justifica y es así en solidaridad con todos los movimientos populares.

Reclamará la solidaridad con todos los intelectuales, personalidades y organizaciones democráticas que tengan etas posturas en la India. La delegación internacional reunirá a representantes de unos 10 países con una mezcla de personalidades bien conocidas en el mundo de los demócratas y lo social, principalmente, y activistas políticos e internacionalistas bien conocidos entre las masas y comprometidos en las campañas de apoyo y solidaridad.

Todos aquellos camaradas y organizaciones que deseen participar en la Delegación, envíen su disponibilidad lo antes posible a csgpindia@gmail.com

Toda la comunicación organizativa sobre la Delegación Internacional es directa, y la fecha definitiva se decidirá a finales de septiembre.

Comité Internacional de Apoyo a la Guerra Popular en la India (CIAGPI)

***

Estados Unidos manda soldados a Irak para tener a tiro la frontera sur de Siria

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Estados Unidos desplegará 1.600 soldados en Irak  bajo el pretexto de combatir a los milicianos del Estado Islámico (Daesh, en árabe), según informó este martes el secretario de Defensa estadounidense, Chuck Hagel.

En unas declaraciones realizadas durante una audiencia en el Senado estadounidense, Hagel ha
reiterado, una vez más, que Washington no va a cooperar con el Gobierno sirio del presidente Bashar al Assad para combatir al Estado Islámico. Al contrario, aunque eso no lo haya dicho, el contingente militar norteamericano estará muy cerca de la frontera sur de este país para estar preparado ante la posibilidad de una invasión (posiblemente, con la excusa de un derribo de un bombardero norteamericano cuando este, como anunció Obama, ataque territorio sirio con la excusa de luchar contra el ISIL).

De hecho, Hagel ha ratificado que “Las fronteras no nos impedirán bombardear la posiciones de Daesh en Irak y Siria”, es decir, que le importan un huevo los tratados internacionales y que no tiene permiso de Damasco para intervenir en su territorio. Tambien el general Martin Dempsey ha corroborado las amenazas de Obama y Hagel, asegurando que las fuerzas estadounidenses están listas para bombardear los bastiones del Estado Islámico en suelo sirio.

A su vez, el general yankee ha asegurado que la estrategia militar de Washington contra ISIL posiblemente incluya una contienda militar terrestre, sin citar una posible invasión de Siria. Sin embargo, sus datos de que Estados Unidos está entrenando militarmente a unos 5.000 opositores al Gobierno de Damasco no dejan mucho margen para la duda de la preparación de una posible intervención de los soldados enviados a Irak en al otro lado de la frontera, en teoría contra los islamistas, pero todo suena a que en realidad el objetivo principal, deseado y planificado hace tiempo, es Siria.

De momento, el llamado de Obama para la formación de una coalición internacional que participe en los posibles bombardeos contra territorio Sirio ha sufrido un enorme fracaso. Sin embargo, no dudamos de que, dado el curriculum de absoluto desprecio al derecho internacional y a la soberanía de los estados que no se le someten, Estados Unidos podría, perfectamente, perpetrar el nuevo crimen en solitario.

¿España va bien? 102 parados por cada puesto de trabajo vacante

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El Instituto Nacional de Estadística (INE) ha publicado este martes la encuesta de costes laborales de 55.238 a cierre de julio.
España y uno de los datos que se deprenden del informe es el número de vacantes de empleo que existen en el país:

La cifra sorprende por varias razones. En primer lugar hay que ponerla en perspectiva y situarla junto al número de parados: 5.622.900, según los últimos datos del INE. Eso significa que en España hay 102 desempleados por cada vacante de empleo. Aunque la cifra se ha reducido desde los 110 que había, por ejemplo, a finales de 2013, aún queda muy lejos de los 17,5 desempleados por vacante existentes antes del estallido de la crisis, en el verano de 2007, tal y como denunciaban no hace mucho Asempleo y Afi.

Fte: El economista

Hace apenas una semana el Consejo de Ministros aprobó un plan cuyo principal objetivo es la creación de empleo estable, la mejora la empleabilidad de los parados y promoción de puestos de trabajo “de calidad”. Con este objetivo dio luz verde a la Estrategia de Activación para el Empleo 2014-2016, el Plan Anual de Empleo 2014 y el nuevo modelo de Formación Profesional. Pero las cuentas no salen. El efecto de su legislación y de los "milagrosos" recortes laborales contra el "alto coste de la contratación" es, como se preveía, mínimo.

Según el INE, en el segundo trimestre de 2014 el número de vacantes se situaba, como hemos dicho más arriba, en 55.238. De esta cifra, el 85,7% se hallaba en el sector servicios.

Otros datos de la encuesta muestran que la mayoría de los empresarios preguntados por el porqué de la falta de nuevos puestos vacantes, solo el 4.9% esgrime el alto coste de la contratación, gran caballo de batalla del gobierno y de la CEOE contra los trabajadores, mientras el 93% afirma que no hay necesidad de trabajadores adicionales; es decir, porque la situación económica impide crear empleo.

17 de septiembre de 2014

The Communist Blogs Network (RBC) joins ICSPWI / RBC se une al Comite Internacional de Apoyo a la Guerra Popular en la India

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Como ya ha hecho público la Revista La via maoista, Mainsroad, RBC ha tomado la decisión de unirse al Comité Internacional de Apoyo a la Guerra Popular en la India. Después de comunicar nuestra intención de hacerlo, el CIAGPI nos ha recibido con un "queridos camaradas, estamos encantados por vuetra decisión internacionalista!"

Nuestro mensaje solicitando pasar a formar parte del CIAGPI fue el siguiente:



Estimados camaradas,

La Red de Blogs Comunistas nació hace apenas un año con la finalidad de defender la necesidad de la unión de las diferentes concepciones ideológicas del Mov. Comunista Internacional orientándola principalmente a la práctica revolucionaria. Por ello, contemplamos como necesaria aprender de los clásicos —véanse Marx, Engels, Lenin, Stalin y Mao, entre otros—  toda la materia revolucionaria hasta la actualidad, para que , siguiendo al materialismo histórico y dialéctico, poder abrir la puerta a la unidad en base a los principios más genuinos de la historia teórica y revolucionaria del comunismo.

Consideramos que en el momento actual el movimietno naxalita constituye la vanguardia en este sentido, por lo que hemos debatido la posibilidad de intengrarnos en el Comité de Apoyo a la Guerra Popular en la India para fomentar, dar a conocer, apoyar y aprender de la lucha revolucionaria que los camaradas del PCI-M están llevando a cabo en pos de acabar con toda explotación e injusticia y, como tal, para derribar a la dictadura capitalista y construir una sociedad socialista.

En este sentido, nos gustaria proponerles nuestra unión al Comité Internacional de Apoyo a la Guerra Popular en la India, solicitándo que nos indiquen que pasos tenemos que dar para ello.

!Saludos Revolucionarios!
Red de Blogs Comunistas (RBC)

Dear Comrades,

The Communist Blogs Network (RBC) was born just a year ago in order to defend the necessity for the union of the different ideological conceptions existing within the International Communist Movement, mainly focused on the revolutionary practice. Therefore, we consider necessary to learn all  the revolutionary material from classics like Marx, Engels, Lenin, Stalin and Mao, among others, so that, following the historical and dialectical materialism, we could open the door to the unity based on the most genuine principles of the revolutionary and theoretical history of communism.

We believe that at present the Naxalite movement is the vanguard on this line, so we have discussed the possibility of  being part of  the Support Committee of People's War in India in order to promote, publish, support and learn from the revolutionary fight that our comrades of the CPI-M are been  prosecuting, in order to put an end to all exploitation and injustice and to overthrow the capitalist dictatorship and build a socialist society.

To that effect, we would like to propose our joining to the Committee, inviting all of you to tell us what steps we need to take for it.


Revolutionary regards!
The Communist Blogs Network (RBC)







 




16 de septiembre de 2014

El entierro de un obrero. Fragmento de "La horda", de Blasco Ibáñez

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¿Han cambiado realmente las cosas desde principios del siglo XX, cuando uno de los mejores escritores de España nos describía en su obra "sobre el proletariado madrileño" (así lo proclamaban las portadas), que titularía La horda?

Las afueras de Madrid, a principios del siglo XX
En realidad, los protagonistas de la novela de Blasco Ibáñez eran, más bien, parte del  lumpenproletariado, aquellos que ni siquiera tienen su fuerza de trabajo para vender, es decir, no participan del proceso productivo y, por supuesto, tampoco tienen conciencia de clase. Es decir, la retahila de obreros ocasionales, traperos, prostitutas, delincuentes y gentes sin oficio ni beneficio, que vivían de los despojos, de lo que podían robar o de lo que encontraban en su diaria mendicidad, lo que en la época se denominaba "La busca", y que suponen un enorme ejército de reserva que, como describía Marx, dependía de la burguesía, de cuyos deshechos, limosnas y ventura sobrevivían, que no duda en utilizarlos para frenar las racionales y humanas aspiraciones de la clase trabajadora.

Sin embargo, el lumpenproletariado, surgido de la creciente miseria generada por el desarrollo del capitalismo, es también, como la propia clase obrera, producto de la barbarie económica que representa el sistema, que mientras multiplica la riqueza para unos cuantos hace lo propio con la pobreza de la mayoría. Por ello, en realidad el límite entre ambos, lumpen y obreros, es sutil y frágil, y el paso de uno de los lados al otro es continuo.

De este modo, también en La horda está presente la miseria de los trabajadores madrileños, que luchan cada día por sobrevivir bajo la violencia de la clase capitalista emergente, sin apenas derechos, con salarios miserables y jugándose la vida para llenar los bolsillos de los parásitos a los que les importan poco sus accidentes laborales, sus penurias o incluso su muerte, mientras su sangre siga llenando sus barrigas criminales.

"—¡Ladrones! ¡ladrones!... Matan a los trabajadores para hacerse ricos... Sólo les importa el negocio, y los pobres que mueran como perros".

Las cosas no han cambiado mucho, especialmente ahora, en estas últimas dos décadas, en las que tras la desaparición de la Unión Soviética la clase capitalista no ve ya necesidad de seguir atrayéndose a los trabajadores con mejores salarios o derechos sociales. Por ello, manifestaciones como las que describe Blasco Ibáñez en el Madrid de 1905, cuando la clase obrera empezaba a hacer esfuerzos incipientes de organización, son cada vez más habituales en el Madrid del siglo XXI, con los mismos ingredientes: la violencia de la clase dirigente dispuesta y predispuesta a parar a los obreros organizados como sea, los policías, felices de ser los perros del amo, ansiosos por aplicarla y "los secretas" infiltrados en la manifestación para provocar la estampida y justificar la acción policial. En realidad, la gran diferencia es que en la actualidad la organización de la clase trabajadora, la que debería tener después de tantos años una conciencia de clase muy desarrollada, es apenas rudimentaria.

Por último, otra gran diferencia, esencial, que define claramente el nivel de conciencia de clase que tenían en su fase inicial los trabajadores madrileños y el que apenas existe entre los del siglo XXI, es el reconocimiento de que la violencia de los opresores de la clase capitalista, solo puede combatirse con la violencia: la necesidad de las armas.

"—¡Fusiles!—rugían mirándose unos a otros, como si pudieran proporcionárselos—. ¡Ay, si tuviéramos fusiles!..."

Un trapero madrileño
Esa indudable realidad, que la clase dominante ha conseguido extirpar de los adocenados trabajadores contemporáneos, que Lenin recordaba cuando decía aquello de que la única democracia posible es la garantizada por un arma en el hombro de cada obrero, o que volvía a subrayar Mao con su axioma de que el poder nace del fusil y, por lo tanto, la toma del poder solo puede hacerse a balazos, ha sido extirpada de la ideología de la clase obrera a la par que la propia dignidad de pertenecer a ella.

Mientras tanto, el protagonista de la historia, Isidro Maltrana, nacido en el lumpen pero con una madre que entra a formar parte de la clase trabajadora, y que vivió la ilusión de convertirse en burgués tras haber sido prácticamente adoptado por una anciana aristócrata que le educa y le ayuda a convertirse en un "intelectual", se siente, en medio de la pelea entre fuerzas del orden y trabajadores, esa "protesta contra la rapiña de los poderosos", más lumpen que obrero,  y que se tragó el anzuelo de la ilusión del ascenso social, soñando un día con llegar a ser burgués, hundido de  nuevo en sus orígenes, empobrecido, sin saber vender una fuerza de trabajo que ni siquiera cree  tener, vive "nutrido de griego y de latín pero muerto de hambre".  Se puede decir, para finalizar, que esa aspiración de ser burgués es un anzuelo tendido a los desclasados miembros de la clase trabajadora para conseguir organizarla y que, como en los tiempos de Maltrana, salvo en las excepciones permitidas para confirmar la regla, no ha dejado de ser nunca más que una estafa.

En La horda, escrita por Blasco en 1905 durante su estancia en Madrid como diputado republicano, con un realismo crudo y lacerante, se describe la escena de una manifestación  de trabajadores tras la muerte en accidente de trabajo de un albañil, a la sazón padrastro del protagonista. La indignación de los obreros, y el desprecio de los explotadores hacia ellos, que necesita de la enzima policial para diluir su encarnación en una peligrosa revuelta violenta contra los que les condenan a la miseria, a las penurias cotidianas y a la muerte, acaba siendo un quiero y no puedo que, sin embargo, tomará forma pocos años después en la Revolución Soviética, que extenderá por todo el mundo la perniciosa idea para los que viven del trabajo ajeno, los depredadores de carne humana, sanguijuelas del capital, y todos sus granujas rapiñeros, de que es posible acabar con la pobreza y la explotación y, de paso, con los criminales que la provocan.

****

Una noche, al pasar por la Puerta del Sol, fijáronse los dos en los gritos de los vendedores de periódicos. Pregonaban «la horrible catástrofe» ocurrida aquella mañana, con incalculable número de muertos y heridos.

Isidro había permanecido en casa todo el día, ocupado en escribir unas cuartillas, a diez céntimos, para aquel semanario social que reclamaba su colaboración con la misma intermitencia con que publicaba sus números. Feli sintiose atraída por el suceso, con esa curiosidad que despierta lo terrorífico en la imaginación femenil.


Típico barrio del extrarradio madrileño en la época de La Horda
Compraron el periódico, y Maltrana leyó a la luz de un farol el sumario, en letras grandes, que encabezaba el relato del suceso. Habíase hundido en las primeras horas de la mañana aquel edificio en el que trabajaba el señor José. Instantáneamente tuvo Maltrana el presentimiento de la desgracia. Antes de leer, estaba seguro de que su padrastro había perecido entre las ruinas de aquella obra escandalosa, inaudita, hasta el punto de trastornar sus ideas de hombre autoritario y hacerle perder la fe en la perfección del orden social. Buscó en el papel los nombres de las víctimas. Eran muchos los heridos que agonizaban en los hospitales. Entre los escombros sólo se había recogido un cadáver, el del único obrero muerto instantáneamente, y éste era el señor José. Su nombre y su domicilio estaban indicados con una precisión que no permitía dudas.

Maltrana experimentó una dolorosa sorpresa. Recordó a su madre; pensó en el agradecimiento que sentía la Isidra por las bondades de su compañero. ¡Pobre señor José! Tal vez esperaba la muerte como una liberación, aquella muerte cuya proximidad adivinaba al trabajar en el escandaloso edificio objeto de sus cóleras. Morir era una solución para aquel hombre sencillo, que se indignaba contra un mundo apartado de los sanos principios y contra la mala suerte que convertía en aprendices del crimen a los hijos de los servidores de la ley.

Al día siguiente era el entierro. Todos los albañiles de Madrid proponíanse aprovechar las horas del descanso de mediodía para asistir a él, dándole la significación de una protesta contra las rapiñas de los poderosos.

Isidro quiso también acompañar el cadáver hasta el cementerio. Era todo lo que podía hacer por su padrastro.

A la mañana siguiente, salió por la Puerta de Toledo poco antes de mediodía. Al llegar al puente, torció a la izquierda, dirigiéndose al depósito de cadáveres, en la orilla del río. Los ardores del sol caldeaban las charcas del Manzanares, llenas de la inmundicia de las alcantarillas que desaguan en él. Un hedor de letrina en ebullición envenenaba la densa atmósfera de verano.

Los alrededores del depósito estaban ocupados por grupos de hombres con blusas blancas, de mujeres con los brazos arremangados, que acababan de salir de los lavaderos.

Todos comentaban la catástrofe con gritos de cólera y maldiciones. Las mujeres eran las más audaces y ruidosas. Miraban hacia Madrid levantando los brazos con expresión amenazadora.

—¡Ladrones! ¡ladrones!... Matan a los trabajadores para hacerse ricos... Sólo les importa el negocio, y los pobres que mueran como perros.


Manifestación obrera en Madrid. La foto es de 1916
Después encarábanse con los hombres que iban llegando, albañiles casi todos, que llevaban pendiente del cuello el saquito de la comida. Los insultaban con groseras palabras. ¡Calzonazos! Se quedarían después de esto tranquilos como siempre, esperando que llegase la hora de perecer en otra catástrofe. ¡Ah, si ellas llevasen pantalones! ¡Si las dejasen intervenir en los asuntos de los hombres!... Otra cosa sería.

Y los albañiles contestaban con un gesto de desaliento. ¿Qué iban a hacer? No tenían armas; estaban cansados de que les pegasen a la menor protesta en la calle.

-¡Armas! ¡armas!...—exclamaban irónicamente algunos compañeros de ojos exaltados—. ¿Y para qué las queréis? Eso no sirve de nada. ¡Dinamita, me caso con Dios! ¡Bombas de dinamita!

Maltrana entró en el depósito abriéndose paso en la masa de blusas, y vio el cadáver del señor José sobre una mesa de mármol, dentro de un modesto ataúd que habían costeado los del oficio.

Según dijeron al joven, tenía rota la espina dorsal, quebrado su esqueleto por varias partes. La cara mostrábase intacta, contraída por un gesto de inmenso dolor. Isidro sólo pudo ver uno de sus ojos, desmesuradamente abierto, que parecía fijar en él la vidriosa pupila. Creyó leer en este globo mate, de fúnebre vaguedad, el último pensamiento de la víctima, la maldición que pasó como un relámpago por su cerebro al dejar de existir. Indudablemente, había muerto abominando de las veneraciones de toda su vida. Leíase en la contracción de su rostro: había quedado impreso en aquella mueca que parecía una protesta. De poder reanimarse el cadáver, de seguro que gritaría algo subversivo contra la sociedad injusta, contra los hombres crueles, pidiendo destrucción y venganza, para tenderse de nuevo en el féretro tras esta póstuma confesión del engaño de su vida.

Cerca del ataúd hablaban algunos de sus compañeros de trabajo. Ya no le llamarían «borrego». Amaba más a los explotadores que a sus camaradas de miseria. La desgracia, siempre ciega, había visto claro esta vez al castigarle por medio de la codicia de aquellos a quienes él defendía. ¡Pobrecillo! De todos modos, era uno de los suyos: una víctima más, por la que había que protestar.

Maltrana dejó de ver al señor José. Los compañeros clavaron la caja, cubriéndola con la bandera roja de la asociación.

El féretro comenzó a romper el oleaje del gentío, llevado en hombros por un grupo de albañiles. Cuando Isidro salió del depósito, siguiendo la roja tela, vio la orilla del río, el puente y la glorieta de Toledo cubiertos de blusas blancas, de sombreros y gorras que se elevaban, dejando las cabezas al descubierto al paso del ataúd.

En la glorieta del puente de Toledo, entre las dos pirámides de piedra que descansan en su pedestal sobre los boliches dorados, como dos gigantescas mesillas de noche, vio una masa obscura con puntos brillantes: una fila compacta de hombres negros. Era la policía cerrando el paso.


Añadir leyenda
El entierro avanzó sin titubear. Las mujeres vociferaban en torno del féretro, iracundas, llorosas, como si el rudo sol del verano mordiese con agresiva demencia sus cabezas despeinadas.

—¡Ladrones! ¡ladrones! ¡A Madrid! ¡A arrastrar a los asesinos!...

Otras señalaban el féretro con trágicos ademanes de plañidera. No conocían al señor José, pero gritaban roncas de emoción:

—Ahí va la honra del mundo; un trabajador bueno; un hombre de blusa. ¡Pobrecillo! ¡Y los que le han matado, guardándose los duros, comiéndose las buenas tajás!...

La cabeza del cortejo chocó con el obstáculo de la policía. Un capitán habló a los manifestantes. Podían seguir por el paseo de las Acacias, dar la vuelta a Madrid por las rondas, sin molestar a nadie. Estas eran las órdenes que había recibido. Nada de entrar en la población, de atravesar el centro, buscando la calle de Alcalá. El estaba allí, en el paseo de los Ocho Hilos, para cerrarles el paso y que no ganasen la puerta de Toledo. Todo lo que quisieran, gritos, lloros, aclamaciones, todo, menos desfilar por las calles de Madrid y que la gente del centro presenciase el entierro, con su séquito de jornaleros que pedían venganza.

Sobre la masa de cabezas se alzó, como contestación, un largo palo, y en su punta un guiñapo negro que parecía una mortaja. Era la bandera de cólera y dolor, improvisada por un grupo de muchachos.

Las mujeres protestaban vociferando de las órdenes de la policía.

—Eso es: debemos marchar por las rondas, como los ganados que van de paso... Los pobres a la cuadra. Por las calles de Madrid no puen pasar otros entierros que los de los señores que mueren de hartazgo o malos vicios. Son para los otomóviles y los carruajes con tronco. Nosotros, por la ronda... porque olemos mal... ¡Mueran los ladrones! ¡Que los arrastren! ¡A Madrid! ¡a Madrid!

Y las mujeres eran las primeras en avanzar, en agarrarse a las puntas del féretro, empujando a los portadores para que rompiesen las filas de la fuerza pública.

Retrocedían los polizontes sin dejar de hacer frente al formidable empellón, al mismo tiempo que, por la fuerza de la costumbre, llevaban la mano al sable y comenzaban a extraerlo de la vaina antes de que lo mandase el jefe. Muchos de ellos parecían quejarse con los ojos de la pérdida de tiempo que suponían los diálogos del capitán con los manifestantes. ¿Qué hacían que no pegaban? Ellos habían venido para eso.

Isidro no supo cómo se inició el choque. Vio de pronto arremolinarse la gente delante del féretro; sonaron gritos, golpes secos semejantes a los de la ropa sacudida. Sobre las cabezas del gentío brillaron al sol, como cintas blancas, los pesados asadores esgrimidos de filo.

Se abrió la muchedumbre, escapando en distintas direcciones. En un instante se formó ese vacío trágico que se extiende entre los que huyen y los que pegan, viéndose en el suelo gorras abandonadas y el negro bulto de un hombre caído intentando incorporarse sobre las manos, con la frente roja.

Las mujeres eran las que menos corrían. Algunas deteníanse con los brazos en jarras, soltando por la boca todas las injurias de su exaltada imaginación.

—¡Cobardes! ¡Cabritos!...

Como si conociesen la historia y la familia de cada uno de los guardias, les echaban en cara su envilecimiento. Ellos allí, pegando a los pobres trabajadores, y mientras tanto sus mujeres acudiendo a las citas... Y tras este desahogo, corrían otra vez al ver que se acercaban con el sable levantado.

Más aún que los sablazos, irritaron a la manifestación los palos de ciertos hombres sin uniforme que iban en el entierro escuchando lo que se hablaba en los grupos, y que, al sonar los primeros golpes, habían enarbolado el vergajo, apaleando en derredor suyo. La muchedumbre bramaba contra los canallas de «la secreta».

Un grupo de mozuelos apostados en los solares inmediatos hacía frente a los acometedores, con la arrogancia de la juventud. Eran los valientes que surgen en toda revuelta, los héroes de la calle, que son cantados por la más alta poesía cuando triunfa una revolución, o van a la cárcel con los rateros cuando intervienen en un motín.

—¡Fusiles!—rugían mirándose unos a otros, como si pudieran proporcionárselos—. ¡Ay, si tuviéramos fusiles!...

Y había en su gesto una expresión heroica, la resolución de morir matando, de perseguir a los enemigos hasta el centro de Madrid. A falta de armas, recogían del suelo las piedras, los cascotes, los pedazos de lata, los zapatos viejos, arrojando una lluvia de proyectiles sobre la policía. Esta, habituada al impune apaleo de la muchedumbre sin armas, permanecía indecisa, titubeando con cierta inquietud ante un enemigo resuelto, que, no contento con atacar, avanzaba audazmente.

Sonó algo semejante a un chasquido de tralla. El capitán acababa de hacer fuego con su revólver.

—¡Fuego, me caso con la hostia! ¡Fuego!

Los polizontes disparaban sus revólveres avanzando con paso de héroes, eligiendo sus blancos en aquellas espaldas que huían por todos lados.

Maltrana pensó en el señor José. Su entierro era digno de las creencias de su vida. Nada faltaba en él: palo a la canalla, fuego a discreción, con gran voluptuosidad de los defensores de la ley, que podían escoger sus víctimas impunemente.

El joven no quiso huir: se quedó junto al féretro, presintiendo que allí sería mayor su seguridad. Además, era el único pariente del muerto que iba en el cortejo, y no debía abandonarle.


Casa obrera del centro de Madrid. Típica "corrala"
Los portadores del ataúd, al recibir los primeros golpes, lo dejaron caer al suelo, huyendo veloces. El paño rojo desapareció en la fuga. Otros obreros intentaron apoderarse del féretro y levantarlo, pero fueron repelidos por los sables. Aquella caja negra era una bandera de rebelión, en torno de la cual podía organizarse otra vez la revuelta. En los vaivenes de la muchedumbre en fuga, estuvo el ataúd próximo a rodar, soltando sobre el polvo del camino el cadáver que encerraba.

Isidro se sentó sobre la fúnebre caja, temiendo una nueva profanación, y se replegó aturdido y temeroso por el estrépito de los tiros. Un hombre de blusa vino también a sentarse en el féretro, como si éste fuese un lugar de asilo.

Oyó Maltrana un lamento y vio la blusa blanca, manchada de sangre, balancearse y caer al suelo. Después brilló sobre su cabeza el relámpago de un sable, y el joven se encogió aún más para evitar el golpe. Pero nadie le tocó. Pasaron algunos segundos que le parecieron de interminable duración, sin que su cuerpo sufriese ningún choque. Creyó oír una voz, la de algunos de aquellos fantasmas negros que, sable en mano o disparando tiros, pasaban ante sus ojos espantados que todo lo veían envuelto en densa niebla.

—Déjale: ¿no ves que es un señorito?...

Por primera vez en su vida se dio cuenta de las ventajas y privilegios de aquel traje que era para él un uniforme de miseria.

Sufría privaciones; el hambre rondaba en torno de él señalándolo como uno de sus siervos; pero pertenecía, por su aspecto y sus costumbres, a la raza de los felices. Era un señorito. Estaba por encima de aquellas gentes que conquistaban el pan con más frecuencia que él, pero sentían la caricia del palo apenas intentaban pedir, como añadidura al mendrugo, un poco de justicia y de piedad para su vida.
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